Se revuelven el el horizonte.
Se revuelven y se enredan en el horizonte.
¿Y sabes?
Me gustaría perderme entre sus lomas de algodón contigo.
Son blancas, son grises.
Claras y oscuras.
Grandes y chicas.
Pero eso no importa si estoy contigo.
Porque nada importa cuando estoy contigo.
Las nubes se pierden a lo lejos.
Vienen para luego irse.
Se van para luego volver.
Y yo quiero irme contigo.
Irme con las nubes.
A cualquier lugar.
A ningún lugar.
Pero contigo.
Así que bien.
Usas conmigo lo mismo que usaste con ellas.
No has aprendido aún el valor de las palabras, el valor de las acciones.
Quizás, quizás no sabes que cada vez que pronuncias esos vocablos,
cada vez que pronuncias esos vocablos me haces temblar del miedo.
Quiero algo sólo tuyo, sólo mío.
Algo que no hayas usado con otra nunca.
Algo que no este oxidado por el tiempo,
ni gastado por el uso.
Quiero algo nuevo, regálame algo nuevo.
Algo para ti, para mí y sólo para nosotros.
El aire esta tenso,
llueve, pero esta tenso.
El calor es insoportable, te invade, me invade.
Y nos aborda enteros.
Caminar es realmente desagradable.
Y las gotas no se revientan al chocar y estallar contra el pavimento.
Sólo se evaporan.
¡Oh sí!
Sólo se evaporan.
El cielo esta oscuro.
Y la tierra esta seca.
El agua no es suficiente para mojarme los zapatos.
El agua no es suficiente para mojar nada.
Y sin embargo esta lloviendo.
Las gotas se golpean contra mi ventana y se deslizan lentamente hasta el suelo,
se deslizan patéticamente hasta el suelo.
Como suplicando.
Como pidiendo perdón.

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